Partimos muy temprano con rumbo a Italia, ese país que no se muy bien tiene una magia especial que hace que te enamores de cada una de sus ciudades. Muchos dicen que es caótico, desastrosos, que su gente resulta empalagosa y que la calma a la que están acostumbrados desepera. Para mí, esto es precisamente lo que lo hace diferente. Sin duda ninguna uno de los lugares de obligada visita.
Pues eramos 10 personas, dos coches y unas dos horas de camino para llegar a una de las ciudades más importantes de la región de Brescia. La emoción de volver a pasear por sus estrechas calles, de recordar lo pequeño que eres en la Piazza di San Marco y de poder prácticar el maravilloso idioma que tienen, hacía que este viaje fuese diferente a los demás.
Antes de ir, fuimos a la costa a Lignano Pineta, un lugar que durante el verano parece estar lleno de turistas y con mucha fiesta; pero queen esta época es más bien tranquilo. Me gustó y mucho, sobre todo porque hacía un día estupendo y pudmos probar el agua del Mar Mediterráneo. Tras una pausa para el bocadillo, nos dispusimos a continuar.
Por fin, llegamos a Venezia!! Recorrimos andando sus calles hasta llegar a la Piazza di San Marco parándonos en cada uno de sus monumentos. Me acordaba de cada uno de los lugares en los que nos deteniamos, como si hubira estado allí hace apenas una semana, pero habían pasado ya unos cuantos años.
Ya de noche,y después de estar un buen rato en la Piazza di San Marco nos dispusimos a volver a Austria.
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