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La Coctelera

31 octubre: Croacia, la magia de Zageb y la belleza de la costa

Alemania, Chile, Corea, España y Polonia tenían 10 representantes que emprendían un largo camino por carretera para visitar un país que no tiene nada que envidiarle al resto.

Primera sorpresa, la llegada a la frontera. Nos piden los pasaportes y se quedan extrañados de aquel remix de nacionalidades. Nos preguntan que que vamos hacer en Hrvatska, o lo que es lo mismo, en Croacia. Respondemos en inglés, que sólo estaremos dos días por turismo. Nos dejan pasar. LLegamos a Zagreb. Es de noche, por lo que su belleza su multiplica por tres. La recorremos casi entera y la primeraparada después de la visita turística es en un bar para probar un licor típico, que por certo sabía a rayos.

Ya bien entrada la noche, nos dividimos, sólo 5 de marcha por Zagreb, por supuesto entre ellos todos los españoles, y dos polacos, que va a resultar una de las nacionalidades más fiesteras. Nos colamos en lo que por aquí se llama club, que viene siendo un pub que abre más allá de las 2 de la mañana, y nos pasamos allí toda la noche hasta que dió la hora del cierre. Para llegar al hotel, tomamos el tram y cuando miramos nuestros relojes eran ya las 6 y media de la mañana y empezaba a amanecer.

A las 9 en pie, con un sueño impresionante y con muy pocas ganas de seguir haciendo turismo, tomamos los coches y pusimos rumbo a la costa; nuestro destino, Uma. Allí vimos una puesta de sol increíble, y el paisaje me recordó a la costa del Barbanza. Había una montaña como Monte Louro y las largas playas se confundían con los pequeños acantilados de rocas. Luego, tardamos unas dos horas en encontrar nuestro hostal, al cual los dueños se habían olvidado de colocar un cartel señalizandolo. Sin embargo, una vez dentro, nos sentimos como en casa, puesto que eran unos pequeños apartamentos con cocina incluída.

Al día siguiente, nuestra última parada era Pula, una antigua provincia italiana, en la que la cultura romana estaba por todas partes. Con coliseo incluído, disfrutamos de un día completo en la que para mí se convirtió en uno de los mejores sitios que visité

18 octubre: Venezia, Venezia, sempre Venezia

Partimos muy temprano con rumbo a Italia, ese país que no se muy bien tiene una magia especial que hace que te enamores de cada una de sus ciudades. Muchos dicen que es caótico, desastrosos, que su gente resulta empalagosa y que la calma a la que están acostumbrados desepera. Para mí, esto es precisamente lo que lo hace diferente. Sin duda ninguna uno de los lugares de obligada visita.

Pues eramos 10 personas, dos coches y unas dos horas de camino para llegar a una de las ciudades más importantes de la región de Brescia. La emoción de volver a pasear por sus estrechas calles, de recordar lo pequeño que eres en la Piazza di San Marco y de poder prácticar el maravilloso idioma que tienen, hacía que este viaje fuese diferente a los demás.

Antes de ir, fuimos a la costa a Lignano Pineta, un lugar que durante el verano parece estar lleno de turistas y con mucha fiesta; pero queen esta época es más bien tranquilo. Me gustó y mucho, sobre todo porque hacía un día estupendo y pudmos probar el agua del Mar Mediterráneo. Tras una pausa para el bocadillo, nos dispusimos a continuar.

Por fin, llegamos a Venezia!! Recorrimos andando sus calles hasta llegar a la Piazza di San Marco parándonos en cada uno de sus monumentos. Me acordaba de cada uno de los lugares en los que nos deteniamos, como si hubira estado allí hace apenas una semana, pero habían pasado ya unos cuantos años.

Ya de noche,y después de estar un buen rato en la Piazza di San Marco nos dispusimos a volver a Austria.

4 octubre: Lubbiana, la capital eslovena: una ciudad romántica, dinámica y mágica

Primera salida del país al que acababmos de llegar. Una excursión planificada para todos los Erasmus. Sonaba bien, parecía divertido, y eso de visitar un país del que apenas conocíamos su existencia, lo hacía incluso misterioso.

Primer encuentro con muchos de los que luego se convertirían en nuestros amigos. Llegamos a la estación de tren de Klagenfurt, con un poco de sueño y con mucha ilusión por saber lo que nos esperaba más allá de la frontera.

La primera imprensión me sorprendió incluso a mi misma. Lubbiana es una ciudad llena de puentes, mercados y con muchos lugares interesantes que visitar. Andamos, andamos y seguimos andando para recorrer en solo un día, los más recónditos recobecos que nos ofrecía la capital eslovena.

Despues de tanto caminar, tocaba pausa para comer. El restaurante se llenó solo con nuestra visita. Áquello parecía más un congreso de Naciones Unidas que una excursión: todos los países de los 5 continentes tenían allí un representante. ¿Que como nos entendíamos?Pues con lo poco que habíamos aprendido de inglés hasta el momento y con muchos gestos.

Por la noche, fiesta en una discoteca de la zona. Allí, nos encontramos a un montón de españoles que estaban de Erasmus en Trieste, al norte de Italia. Entonces, empezamos a darnos cuenta que los españoles estamos en todas partes.

Primer contacto

Conociamos Klagenfurt por la Eurocopa, una pequeña ciudad, situada al sur de Austria, en la que se habla un dialecto del alemán y que se encuetra a escasos quilómetros de las fronteras con Slovenia y Italia. Eso, y que una compañera había hecho el Erasmus allí el año pasado y sólo tenía buenos recuerdos.

Cuando el avión se iba acercando, el paisaje era impresionante, la ciudad estaba justo en un valle rodeado de montañas.

Nada más llegar, lo primero que pensamos fue:

- ¡pero que aeropuerto más pequeño!, bueno en fin, así es más acogedor -nos consolamos

Pero lo mejor estaba por llegar, la universidad de Klagenfurt nos había asignado un contacto, que se llama Mathías, y habla perfecto español, por lo que a partir del momento en que lo concoimos las cosas feron mucho más fáciles.

Ese mismo día tomamos contacto con el supermercado, y nos dimos cuenta de que no todo el mundo habla inglés, y que encesitariamos cargar con el diccionario a casi todos lados.